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Thank God it's Friday ( Merlin)

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Thank God it's Friday ( Merlin)

Mensaje por Arthur B. Lionheart el Dom Mar 11, 2012 4:55 am

Por había llegado ese tan esperado día de la semana: el viernes. Agradecía mucho que en mi trabajo no se curasen también los fines de semana ya que, cuando llegaba a este punto, estaba demasiado agotado como pensar con claridad y gracias a que me preocupaba durante los otros días de la semana de ir preparando mis casos del viernes para no cometer imprudencias. Era una persona bastante precavida y mi trabajo de importaba demasiado como poder permitirme fastidiarla; a veces creía que me lo llevaba demasiado al ámbito personal y emocional, ya que cuando perdía un caso la frustración que llegaba a sentir no se la podía imaginar nadie.

Esa tarde había decidido pasarla entera en casa, tumbado en el sofá, tapado con una manta y viendo todas las películas que habían echado por la televisión: si, de esas películas tipo culebrón que solían poner los fines de semana. Tampoco es que le hubiese hecho mucho caso, lo único que quería era descansar y despejar un poco mi mente que la tenía bastante saturada, hasta el punto de que me dolía por la zona frontal, por lo que en una de las veces que me tuve que levantar de mi refugio para ir al baño, aproveché para tomarme un ibuprofeno.

Cuando vi en el reloj que eran las 8 de la tarde, me levanté definitivamente y fui hacia la cocina. Hoy había quedado con Merlín para cenar. Pese a que viviésemos juntos, tampoco coincidíamos demasiado por nuestros horarios, aunque siempre hacíamos algo de tiempo para estar el uno con el otro. Definitivamente, era la persona en la que más podía confiar: siempre había estado ahí, apoyándome y cuidándome, al igual que yo para el intentaba hacer lo mismo. Cuando murió su padre... sonaría duro, pero casi me había alegrado. Al menos, así se vendría a vivir con nosotros y yo le prestaría toda la atención que se merecía. La muerte de su madre había destrozado demasiado a esa familia, incluso a mi había llegado a afectarme. Saqué de la nevera dos grandes rodajas de salmón y las adobé un poco son ajo y perejil. Después cogí algunas patatas, pelándolas y cortándolas para ponerlas a cocer y así hacer puré de patata. También había comprado lechuga para hacer ensalada, pero eso era lo que menos tiempo me llevaría. Había quedado con Merlín sobre las nueve menos cuarto, no creía que llegase antes nomás tarde porque solía ser muy puntual. Teníamos bastantes cosas en común, y esa era una de ellas.

Después de haber terminado de hacer el puré y el salmón, dejándolos sobre la mesa del comedor en una fuente cada uno, me fui a la cocina a lavar la lechuga y el tomate, para empezar a preparar la ensalada. Ya era casi la hora, y estaría a punto de llegar. Tenía que reconocer que de pequeño, en la cocina era un peligro, pero tras la muerte de mi madre y comprobar que lo único que mi padre sabía hacer eran patatas fritas con filetes fritos, había decidido ponerme manos a la obra y ponerme a cocinar. Al final, había logrado aprender a defenderme y no, fui viendo que poco a poco lo que iba haciendo me salía cada vez mejor. Ahora ya no había demasiados platos que se me resistiesen, además de que a veces me gustaba experimentar nuevos platos aunque el éxito no estuviese garantizado.

Una vez estuvo la mesa puesta y ya toda la comida hecha, me senté a esperar en una de las sillas de la mesa del comedor, esperando a que mi amigo llegase para poder comenzar a comer. El olor había logrado que empezasen a rugirme las tripas, protestando por tener delante ese manjar y todavía no haber empezado a comer
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Arthur B. Lionheart
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Re: Thank God it's Friday ( Merlin)

Mensaje por Merlín O. Wittgenstein el Lun Mar 12, 2012 8:33 pm

El viernes para mí, era lo mejor y lo peor del mundo que me podría pasar. Por un lado, el fin de semana empezaba y yo disfrutaría de increíbles fiestas y mujeres, pero por el otro, siempre los viernes había controles y chequeos, formularios que llenar y cheques que firmar.

Esa mañana no me había levantado de buen humor, y para empeorarla no había visto a Arthur, con quien debía de planificar y arreglar algunas cosas sobre mi trabajo. Estaba pensando en despedir algunos empleados, ya un poco mayores, y necesitaba de él por un consejo “legal” por así decirlo, acerca de todo el papelerío que debía realizar para que luego no hubiera inconvenientes.

Pensé que el darme una buena y relajante ducha cambiaria mi mal humor, pero no, no lo hizo. Es más, apenas salí de casa y una fresca brisa había jugado con mis cabellos mojados, dándome por casi toda la mañana, un aviso de resfrió. “¿Pero quién demonios se resfría con 30° grados?” Maldije mientras me movía de un lado al otro por toda mi oficina.

Los viernes siempre estaban agitados y no tenía toque de queda. Un viernes podrías irte tranquilo a casa, apenas pasado el mediodía, y otras me había tocado el quedarme hasta mucho después de la medianoche, cosa que no me agradaba. Pues mis empleados tenían horario fijo, yo no. Una de las contradicciones de tener toda una compañía a cargo.

Y como era de esperar, ese viernes había sido de terror. Las subas y bajas de las bolsas me dejaban a punto de un ataque cardíaco, pues a pesar de ser dueño de mi propia compañía, necesitaba de accionistas, inversionistas, gente que me acompañara y así obtener el mayor beneficio posible… y ni hablar de las ganancias.

Faltaba un cuarto de hora para las nueve, y yo todavía estaba hasta las nubes con el papeleo. Mi firma ya parecía falsa, imitada en las últimas hojas que firme de los contratos, que luego le pediría a Arthur que les echara un vistazo. Froté mis dedos sobre mi frente y a los costados y suspiré “Basta, debo ir a descansar” me impuse y tome el saco a juego de mi traje gris humo. Ya era tarde, y estaba hambriento. "Seguro en casa, mi hermano ya estaría cenando un delicioso manjar."
Pues si, yo trataba a Arthur como mi hermano. Siempre habíamos sido amigos de pequeños, y luego de quedarme huérfano, su familia tenía tutela legal sobre mí. No me hubiera imaginado otra familia mejor. Con Arthur éramos como uña y carne, y siempre nos sabíamos llevar a pesar de ser tan diferentes en algunas partes.

Conduje mi auto, por toda la avenida ya casi desértica a esa hora, pues ya todos deberían de estar cenando con su familia o una salida entre amigos. Mientras que yo seguía padeciendo mi mal humor post matutino. Estaba divagando mi mirada por todas esas luminosas tiendas, que sin querer había pasado una luz roja. Inmediatamente un policía motorizado, me sonó su sirena y tuve que parar a un costado, cerca del cordón.
“¡Mierda!” Fue lo único que alcancé a pronunciar ya que el hombre en uniforme no vacilo en bajar rápido de su motocicleta y venir con esa maldita pequeña libreta a darme el ticket de la multa. Asentí a todo lo que me dijo, pero menos cuando pregunto si estaba en estado de ebriedad. No me iba a ponerme de cotilla con el poli contándole toda mi especial mañana, que al parecer, todavía seguía persiguiéndome y dando como cereza al postre esta multa innecesaria. Tome la nota y me monté de nuevo en mi bebé, tire de la gaveta y la metí arrugándola toda, porque adivinen, también la maldita nota había puesto oposición. Me cansé de juguetear y cerré la gaveta con media hoja todavía afuera.

Me abroche el cinturón y seguí el camino a casa. Casa, mi casa. Mi templo de relax y donde todo el mundo quedaba fuera. Ningún trabajo, ninguna preocupación, solo mi casa, mi familia y yo. “Arthur” reflejó mi mente su cara. No le había contestado el teléfono esta mañana cuando mi secretaria me había interrumpido en medio de una conferencia, y no le había devuelto la llamada. Él siempre atento a mí, era el que casi siempre planificaba nuestros almuerzos en algún restaurante de la gran manzana. Era el también quien había acordado nuestra cena esta noche por mensaje.

“Me matará, sé que lo hará” dije cansado, resoplando, pues algo que los dos odiábamos era la impuntualidad. Doble la esquina de la cuadra de nuestra casa, y en la entrada ingrese el código para que el portón se abriera, saludando a Philip, nuestro guardia.
-Buenas noches Phil, ¿Cómo te está tratando la noche?- Le pregunté con el tono de humor que siempre llevaba yo, aunque ahora tenía lo divertido lo que el Jorobado tenia de lindo.

-Buenas noches, señor Wittgenstein- sonrió en hombre mayor -Como de costumbre, algo aburrida me atrevería a decir- continuó. A pesar de que lo conocía desde que yo era un crio el siempre había mantenido ese margen de respeto para con todos en la familia. Aunque ya de mayores, Arthur y yo habíamos llevado a Phil, una que otra vez a algún bar o billar para distraerlo. Él había perdido a su esposa, hacía ya cinco años creo, y quien mas que Arthur y yo para comprender lo que es perder, a la mujer que más amas en tu vida, como una esposa o una madre.

-Pues ya sabes dónde encontrarnos, aunque creo que por primera vez, y espero no sea el fin del mundo, no estoy de ánimos para salir- le comente compartiendo sus mismos sentimientos. -¿Sabes si Arthur llego ya del trabajo?- Pregunte al maniquí entrajado que parecía, estaba igual que los hombres de negro, con ese fino traje hecho a medida como uniforme de trabajo.
-El señor Arthur vino del trabajo apenas pasado el mediodía, señor. Usted sabe cómo son su viernes…-
-Si- suspiré. Había olvidado que en sus viernes él llegaba a casa después del mediodía. -Pues me matará. Habíamos quedado en cenar y creo que voy como media hora tarde. Phil, creo que esta será la última vez que nos veamos- agregué dando una mueca de tristeza y despedida, mientras subía el vidrio, escuchando la risa del viejo. Aparque frente a la mansión y subí a corridas las escaleras a la puerta principal, saque mi llave y jugué con la cerradura hasta que esta dio el ultimo “clic” para entrar al interior.

Un delicioso aroma a salmón y lo que parecían ser patatas inundó el ambiente, llenando mis pulmones del rico olor y haciendo agua mi boca. No me había percatado de lo hambriento que me encontraba. Di rápidas y largas zancadas hasta el comedor, donde me encontré con la figura de Arthur ya sentada en la mesa. No había tocado un bocadillo, pues yo sabía que él me esperaría.
Con mi mejor cara de perrito mojado, me acerqué unos pasos hacia su dirección, no sabía si solo sentarme o arrimarme a excusarme. Escogí la segunda, pero ya estaba preparado para el huracán de reproches. Y no lo culpo, yo haría lo mismo en su lugar.
-Arthur- su nombre salió inmediatamente de mis labios, al ver esos ojos azules llenos de reproches -Lo siento, tuve una sobrecarga de trabajo.- dije esquivando esos malditos ojos, que se sentían como si indagaran en todo mi interior.
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Re: Thank God it's Friday ( Merlin)

Mensaje por Arthur B. Lionheart el Miér Mar 14, 2012 6:51 pm

Tic, toc, tic, toc. Seguía sentado en la mesa del salón comedor, con la mirada clavada en el reloj. Realmente mi cabeza estaba en un universo paralelo, suponía que se debía a un mecanismo de defensa para intentar frenar un poco mi ira; odiaba que la gente fuese impuntual, y más cuando había preparado la cena y esta se estaba enfriando. Le había llamado un par de veces al teléfono móvil pero me había sonado como que estaba comunicando. Había legado ya un punto en el que había tapado la comida para que no se enfriase demasiado, aunque dudaba que eso fuese suficiente y seguramente cuando llegase habría que volver a calentarla. Suspiré profunda y bruscamente, de forma que cualquier persona que me hubiese visto se habría percatado de que estaba enfadado. Mientras esperaba, escuché la puerta de la calle y pensé que era Merlín. Iba a soltar alguna broma sobre la tardanza, cuando me fijé que la que había entrado había sido mi hermana. - Hola... Buenas noches, ¿quieres algo de cenar? Después de lanzarme una mirada de odio, omitiendo pronunciar ningún tipo de respuesta subió las escaleras presumiblemente hasta su habitación. No pude evitar negar con la cabeza. Me dolía que se comportase de esa forma... no sabía que le había hecho, pero ella no estaba dispuesta a hablar de ello y yo no podía hacer nada para intentar arreglarlo si ella no ponía de su parte, si no me ayudaba a darme cuenta del error que había cometido para intentar solucionarlo o compensarlo. Muchas veces me había planteado la duda del millón: cuál era el motivo de ese cambio tan repentino de relación conmigo, pero jamás había alcanzado ninguna respuesta clara. Lo único que tenía claro es que había sido a raíz de lo de nuestro padre. Al principio pensé que era un sentimiento de rechazo por la muerte de éste, pero con el tiempo me fui dando cuenta de que el motivo era diferente. Lo único que quería es que fuésemos una familia normal, dentro de lo normal. En todas había discusiones de vez en cuando, pero su comportamiento ya rozaba lo anormal. Solo esperaba que se solucionasen las cosas, ya me llegaba en el juzgado con tratar con este tipo de situaciones tensas para cuanto más llegar a casa y continuar con ellas. Además, estaba casi al 100% seguro de que uno de sus amigos tampoco me tragaba demasiado. Eso ya me daba más igual, cada persona era un mundo y evidentemente no tenía que caerle bien a todo el mundo, pero mi hermana era mi hermana. No creía que jamás fuese capaz de odiarla.

Coloqué mi mano sobre la mesa y comencé a golpearla suavemente con la yema de los dedos de forma rítmica, postura que denotaba bastante mi elevado de impaciencia y, el encuentro con Morgana no había suavizado las cosas. Los minutos pasaban y seguía sin saber nada de el. Notaba que cada vez se me fruncía el ceño más, involuntariamente. Suponía que había sido por algo de trabajo, o al menos eso quería creer ya que como fuese otro el motivo iba a saber lo que era bueno. No me había visto demasiadas veces enfadado, y jamás enfadado de verdad, pero siempre había una primera vez para todo.

Cuando ya iba a darlo todo por perdido, creyendo que se había olvidado, vi claridad fuera del a casa a través de la ventana y escuché como se abría la puerta del garaje. Me mantuve inmóvil, con la mirada fija sobre la puerta por la que en unos segundos entraría Merlín y sin cambiar nada la expresión de mi rostro. Como esperaba, no tardó en entrar en escena; desde mi sitio podía oler ya sus aires de culpa buscando una disculpa. Arqueé mis cejas cuando escuché su excusa y suspiré profundamente, tratando de mantener la calma - ¿conoces la existencia de los teléfonos móviles? No sé.. esos aparatos electrónicos que se utilizan para llamar o enviar mensajes. Si si, para avisar a la gente y estas cosas - Me crucé de brazos y seguí observándolo, sentado desde mi silla al lado de la mesa. Si, sabía que había sonado bastante borde mi contestación, pero una cosa era llegar cinco minutos tarde y otra cosa muy diferente eso. Mi intento de mantener la calma no había resultado del todo efectivo. Había logrado que toda la ilusión con la que había preparado la cena para poder cenar con él, se hubiese esfumado. - Es que lo mínimo que podrías haber hecho era avisarme, tenerme algo en consideración. Si no podía ser hoy, pues podríamos haberlo dejado para otro día. Aunque hubiese sido después de que hubiese terminado de cocinar. ¿Me habría parecido mal? Seguramente, no te voy a mentir, pero podría entenderlo. Pero... es que no quiero ni pensar cuanto más tarde has llegado porque no quiero encenderme más - Cada palabra que salía de mis labios provocaba que mi corazón latiese más y más estimulado por la rabia que sentía. Más que por el hecho en sí de la cena, lo que realmente me fastidiaba era que hoy me apetecía estar con mi mejor amigo, con mi hermano. Últimamente no es que o viese mucho, y entre lo que había ocurrido con Ginebra y mi otro mejor amigo, el odio desenfrenado y repentino de mi hermana hacia mi y lo de mi padre... Me sentía más solo que nunca. Daba gracias de tener a Odette y Giselle conmigo, lograba que me despejase la cabeza y dejase de preocuparme por este tipo de cosas. Pero este tiempo esperando por Merlín a que llegase, sin nada que hacer, había conseguido que mi mente diese rienda suelta a todo eso. El núcleo de mi enfado era más bien decepción que sentía hacia él, pero... daba igual, ya se me pasaría.

Hoy estaba demasiado cansado como para ponerme así, como para discutir. Además no me gustaba montar dramas ni escándalos, era más de llevar yo solo la carga. Paa algunas cosas podía ser muy sincero, pero en situaciones como esas solía tragarme las cosas y dejar que el tiempo curase las heridas. Negué con la cabeza, como intentando despejar mis ideas y carraspeé. - Da igual, no tengo ganas de estar enfadado. Sírvete y caliéntalo en el microondas, que seguramente ya esté frío. - Solía ser una persona muy educada, aunque en esta ocasión dejaría que fuese él el primero pese a no merecérselo, más que nada porque se me había quitado el hambre a pesar de que el salmón fuera de mis comidas favoritas.
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Re: Thank God it's Friday ( Merlin)

Mensaje por Merlín O. Wittgenstein el Vie Mar 23, 2012 6:42 pm

Hubiera preferido algún tipo de reproche, uno que otro insulto, y que me gritara hasta más no poder. Pero no. Arthur estaba tan sereno e impasible sentado en su silla, y era eso lo que más me molestaba. Ni siquiera tenía ganas de discutir o algo, o tal vez se estaba guardando todo su rabia, y debería de empezar a predecir lo que pudiera venir luego.

-¡Vamos! Ya tuve suficiente con mi día- resoplé mientras pasaba mi mano sacudiendo mis cabellos –No quiero que te molestes tú también- le dije mientras caminaba al respaldo de su silla. No quería verle, no quería mirar a esos profundos ojos azules que hurgaban hasta el último rincón de tu alma.

Obviamente, él estaba en todo en su derecho de ponerse así, ni en todo el día había contestado el maldito celular, ni tampoco siquiera un mensaje le había devuelto. Me había comportado como un imbécil, pero ya el daño estaba hecho. No quería empeorar las cosas, le iba a lanzar mi bronca, pues yo aún seguía con mi mal humor de esta mañana, pero no quería tomarlo contra él. No era su culpa.

Me acerqué hasta el respaldo de su silla, y con mis manos empecé a darle algunos masajes, para ver si así lograba calmar las aguas. Desabotoné las mangas de mi camisa, y la subí un poco hacia arriba –No me hagas esto…- le dije –No nos hagas esto, mira lo bien que te ha quedado todo- agregué mientras mis manos subían y bajaban por su espalda.

La verdad es que Arthur se había pasado. Todo en la mesa se veía delicioso, como sacado de un libro de cocina, tan perfectamente cocido y presentado en una fina vajilla, pero que desafortunadamente se estaba enfriando.
-Sé que el salmón es tu favorito- susurré en su oído tratando de convencerle para ver si así se le pasaba la bronca un poco. Seguía con mi recorrido por toda su espalda, sus músculos duros por la tensión y algo me dijo que su estado no se debía completamente a mi tardanza.

-¿Cómo ha estado tu día hoy?- le solté para ver si así lograba distraerle mientras me dirigía a la mesa y destapaba la cena. Todo estaba perfectamente cocido y servido, era un gran manjar, como esos en los programas de cocina. Yo sabía que Arthur se le daba bien el cocinar, pero hacia mucho que no le veía tocar ni un cuchillo. Aunque con lo que mis ojos veían adelante, era como un don. El hacía magia con la comida.

Fui hasta la cocina y traje unos platos para microondas, corté un poco el salmón y el serví el puré de patatas en ambos platos para luego llevarlos a calentar. No sé si estaba bien el actuar como lo hacía, pues si me importaba que él estuviera así, no quería dejarlo pasar por alto, pero es que nunca le había visto tan molesto por una cena. No quería discutir, solo quería compartir este momento con el y nadie más importaba.

Quería sentarme y escucharle hablar de todo lo que quisiera contarme, pues que últimamente después de la muerte de su padre, nos habíamos vuelto aún más íntimos si eso era posible, ya que desde pequeños fuimos muy unidos. Su padre, mi padre me atrevería a llamarle, la familia Lionheart, quienes me brindaron apoyo y me dieron un hogar cuando había quedado solo en el mundo.

El sonido de la alarma del electrodoméstico me sacó de mis cavilaciones y fui directo a buscar nuestra cena. Antes de sacar los platos, lavé mis manos en el grifo de la cocina con un poco de detergente. No quería ni siquiera irme de ese lugar por si las dudas él quisiera escaparse de allí. No iba a dejarlo ir, quería pasar un tiempo con Arthur, pues a pesar de vivir juntos, eran pocos los momentos que compartíamos para charlar, y contarnos de nuestras vidas. Aunque no se necesitaban palabras para que uno supiera como se encontraba el otro. Nos conocíamos tan bien, que hasta las mínimas miradas o gestos, que parecían solo eso para los demás, para nosotros eran palabras sin decir. Códigos de amigos y hermanos, así nos manejábamos y nos entendíamos.

Llevé rápidamente los platos la mesa y me acomodé en una silla junto a él –Lo siento mucho, de verdad… pero por favor, sabes que últimamente no compartimos mucho- le dije mientras le tomaba la mano –Haz de cuenta que no pasó nada y si quieres mañana te vuelves a cabrear conmigo si quieres- terminé con mi mejor cara de niño inocente que me había valido varias conquistas a lo largo de mi vida.
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Re: Thank God it's Friday ( Merlin)

Mensaje por Arthur B. Lionheart el Vie Mar 23, 2012 8:12 pm

Arqueé las cejas sorprendido por su respuesta. Me parece increíble que aún tuviese algo más que añadir a lo que había dicho. Sí, probablemente me hubiese pasado un poco en mis contestaciones, me había puesto realmente bastante borde; pero por un día que organizaba algo con él para poder pasar tiempo juntos y tenía que estropearlo. Noté como evitaba mi mirada, algo que me reconfortó porque sabía que eso significaba que se daba de que había hecho algo malo y que se arrepentía. El haber pasado tantos años junto el había logrado que lo conociese tan bien como a mi mismo. Al fin y al cabo, no teníamos secretos el uno con el otro. - Bonita forma de demostrar que no quieres que me moleste... - Dije con la voz algo apagada y con un tono de decepción en ella. En este momento estaba muy poco receptivo para creerme la sinceridad de sus palabras. Realmente no solía comportarme así: claro que tenía mal humor como todo el mundo, pero si uníamos este incidente al día de mierda que había tenido, era completamente comprensible.

Seguí con mi mirada sus pasos hacia mi; cuando se colocó tras de mi tengo que admitir que me había puesto un poco incómodo, ya que no sabía que iba a hacer. De pronto sentí sus manos sobre mi espalda, acariciándola. Casi doy un salto en mi silla, aunque lo contuve al igual que una pequeña sonrisa que casi ilumina mi rostro por unos segundos. La verdad es que sabía como conseguir que me tranquilizase y se me pasaran los enfados, aunque estaba vez no se lo iba a poner tan fácil. Cuando me pidió que no nos hiciéramos eso, emití un leve gruñido en muestra de desconformidad. Realmente yo no había hecho nada, sino él. Puede que la situación en conjunto agravase el cuadro, pero aquello había sido la gota que colmaba el vaso de mi mierda de día.

Entrecerré un poco los ojos, dejándome llevar por ese masaje que me estaba dando y disfrutándolo al completo, cuando sentí su voz y su respiración en mi cuello, cerca de mi oído. Ahora si que no pude evitar ladear mi cabeza y levantar el hombro del lado del que me había hablado, tapándome la zona en la que lo había sentido. En mi rostro tampoco pude evitar dibujar una breve sonrisa. El cuello era uno de mis puntos débiles, y tenía que admitir que me ponía muy nervioso cuando alguien me hablaba tan cerca del oído y sentir su respiración ahí. - Dios, Merlín... no vuelvas a hacer eso, en serio. No respondo. Esa zona es como sagrada.. - dije ligeramente más calmado, aunque sentía los pelos de punta en mis brazos. Me era imposible pasarme más de una hora con Merlín delante enfadado. Poco a poco desde que había llegado se me había ido pasando el enfado, y eso que solo hacia como 10 minutos que había llegado.

Me fijé como destapaba la comida tras haberme preguntado que tal el día. Suspiré profundamente, intentando suavizar un poco el tono de mis palabras. En el fondo tenía que darle la razón a Merlín en el sentido de que era mejor no hacer eso. El poco tiempo que tuviésemos no quería gastarlo discutiendo con él. - Aburrido. - Dije aún así algo cortante. Intentaba no mostrar que seguía aún algo molesto con él pese a que mi enfado se estaba disipando. - Los juicios fueron dentro de lo esperado, sí. Pero me pasé toda la tarde tirado en el sofá viendo películas en la televisión. Sí, es un poco triste, pero no tenía nada mejor que hacer.. - Dije intentando explayare un poco más. Podría haber añadido un:a solas, y darle a entender la soledad que sentía últimamente, pero todavía no estaba en ese punto de reconciliación en el que estaba dispuesto a abrirme completamente a él. Además, tampoco quería hacerle sentir más culpable de lo que suponía que había provocado. Había tenido que alzar un poco la voz ya que había ido a la cocina a recalentar dos platos con comida.

Cuando regresó y depositó los platos en la mesa, noté como agarraba mi mano y me pedía perdón. Volví a mirarlo fijamente, sopesando sus palabras y volví a ladear la cabeza y suspirar. Le di un ligero apretón en la mano, en señal e que estaba de acuerdo con lo que había dicho, me levanté de mi silla y me acerqué a él abrazando su cabeza entre mis brazos. - Odio cuando pones esa cara, en serio, siempre logras salirte con la tuya -Le di unas suaves caricias en la mejilla y esbocé una tímida sonrisa. En el fondo, me alegraba arreglar las cosas con él, que no estuviésemos enfadados. - Aunque mañana me vengaré, ten cuidado cuando te despiertes - Evidentemente lo decía de broma. Una vez perdonaba algo, no volvía a sacarlo a la luz y menos era una persona vengativa.

Me separé de él y regresé a mi asiento. Bajé un poco la vista, pensando en que yo también debería de pedirle disculpas porque, pese a que odiaba que la gente fuese impuntual, creía que me había excedido un poco y había pagado mis frustraciones con él. - Yo... creo que también debería pedirte disculpas, creo que me excedí un poco en el grado de enfado y eso tampoco es justo para ti. Pagué contigo cosas de las que no tienes culpa - Levanté mi mirada hacia la suya, frunciendo un poco el ceño. Me refería a toda la soledad que sentía, pero ese era un problema a parte que debería de solucionar yo mismo como fuese.- Y con lo poco que nos vemos, debería de aprovechar mejor el tiempo en vez de discutir contigo - La verdad es que decir esas palabras me había costado un poco menos de lo que había creído, a pesar de lo orgulloso que era - Supongo que fue un cúmulo de cosas y escogiste el peor día para llegar tarde. Estoy un poco desbordado por el tema de Papá, Morgana, Ginebra... es como si todo en mi alrededor se estuviese desmoronando y noto un gran vacío. Y justo lo fui a pagar con el pilar más importante que tengo en mi vida. Yo.. espero que me perdones - Había dicho papá porque ya sabía que para Merlín también lo había sido. Y él no se podía llegar a imaginar lo que agradecía que estuviese en mi vida, era de las pocas cosas buenas que había.

Carraspeé un poco e intenté cambiar un poco el gesto de mi rostro, intentando que se volviera un poco más feliz, acorde a como normalmente era. Miré al plato de salmón con puré que se hallaba delante de mi, y agarré el tenedor para coger un trozo y empezar a masticarlo. Seguía sin tener demasiado hambre, pero debía comer algo . Recordé lo que había dicho sobre que su día había sido malo y me preocupe un poco - Por cierto, ¿qué te pasó a ti?
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